Edgard Romero Nava

Empresario en el área de Petroleo y Gas. Tuvo sus inicios en la empresa Atlántida Internacional y en 1981 fundo el grupo de Empresa de Petrolago, c.a Fue Director de instituciones como: Prominsur, c.a, Terminales de Maracaibo, c.a, Consorcio Petro Orinoco, Consorcio PPM, Hotel Eurobuilding, IESA, SURAL, Consejo Empresarial Andino, Fedecamaras, Consecomercio, Cámara Petrolera de Venezuela, Alianza Empresaria Petrolera. De Industria y Comercio de Lagunillas (ACIL).


¿Por qué no arranca el negocio petrolero?

La reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos generó altas expectativas: mayor participación privada, flexibilización de restricciones, y firma de memorandos de entendimiento (MOU) que anticipaban una reactivación del sector petrolero venezolano.

Sin embargo, el impacto aún no se refleja en la producción. Las inversiones avanzan lentamente y muchos proyectos siguen en evaluación.

La pregunta clave persiste: ¿por qué no arranca el nuevo negocio petrolero? 

El principal factor es la naturaleza del recurso. Venezuela posee las más importantes reservas de petróleo del mundo, pero en su mayoría son crudos extrapesados de la Faja Petrolífera del Orinoco.

Su explotación es costosa: requiere calentarlo para sacarlo, diluyentes para transportarlo y mezclarlo para subir los grados API desde 7 grados a 16 grados o más, con consumo energético. Esto eleva los costos frente a otros crudos más livianos.

La explotación de este tipo de crudo extra pesado, fue posible gracias a la apertura petrolera de los años 90, que bajando la regalía al 1 %, permitió que se transfieran tecnologías americanas y europeas para mejorar el crudo y el ingreso de sobre 60 billones de dólares.

Hoy, con una historia de expropiaciones, unas pagadas, otras no, se pretende relanzar la producción de la faja del Orinoco, con una estructura fiscal diferente y muy exigente.

El esquema vigente incluye una regalía de referencia del 30 % (con posibilidad de revisión), un impuesto adicional del 15 %, y luego el Impuesto sobre la Renta, con otras obligaciones para fiscales.

En este contexto, los proyectos pierden competitividad frente a otras oportunidades globales. El capital petrolero se dirige hacia jurisdicciones con mejores condiciones de rentabilidad.

La experiencia de los años noventa muestra que los incentivos funcionan.

Durante la Apertura Petrolera, la reducción de regalías y la mejora de condiciones operativas hicieron viables grandes inversiones en la Faja.

La disponibilidad de crudos livianos, infraestructura y energía también favoreció el desarrollo.

El resultado fue significativo: inversiones multimillonarias, incorporación tecnológica y conversión de recursos en reservas comercialmente explotables.

La reforma vigente introduce elementos positivos, como la flexibilización de actividades antes reservadas al Estado y nuevos esquemas de participación.

Pero. Incluye nuevos costos como suplir los diluyentes y la generación eléctrica.

No obstante, su impacto puede diluirse si la estructura económica no es suficientemente competitiva.

Con la revisión caso por caso, de la regalía, puede verse limitada por procesos administrativos lentos. La inversión petrolera requiere reglas claras, decisiones ágiles y seguridad jurídica y certeza en el tiempo.

La Faja Petrolífera del Orinoco requiere un esquema fiscal diferenciado que refleje su complejidad técnica y económica. No se trata de reducir la participación del Estado, sino de lograr un equilibrio que haga viables los proyectos, con una regalía e impuestos, que los haga atractivos.

Tener las mayores reservas del mundo no garantiza su aprovechamiento. El reto es convertirlas en producción, inversión, exportaciones e ingresos sostenibles. Es decir, monetizar un recurso improductivo.

Solo así podrá arrancar plenamente el negocio petrolero y transformarse la riqueza del subsuelo en desarrollo para el país.

@eromeronava
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