El oro ha sido, a lo largo de la historia, un símbolo de riqueza, poder y confianza. Durante siglos, las monedas se acuñaban directamente en este metal precioso y los billetes llevaban inscrito su equivalente en oro. En Venezuela, por ejemplo, circularon monedas de este tipo, siendo la célebre “morocota” la de mayor valor en su época.Hoy, aunque el dinero dejó de estar respaldado formalmente por el patrón oro, este sigue siendo un activo estratégico en las reservas de los bancos centrales. Su posesión representa seguridad frente a crisis financieras, sanciones internacionales y fluctuaciones cambiarias.
En este contexto, se observa un cambio significativo en el mapa mundial de las reservas de oro. Mientras que Estados Unidos mantiene su histórico liderazgo con 8.133,5 toneladas —apenas ha vendido cinco toneladas, en los últimos 25 años—, el protagonismo lo han asumido en las últimas dos décadas China y Rusia, que se han convertido en los nuevos grandes acumuladores. Ambos países han incrementado sus reservas en más de 1.900 toneladas cada uno, alcanzando 2.292,3 y 2.329,6 toneladas respectivamente.
Europa, por el contrario, ha seguido el camino inverso. La zona euro, que a inicios del milenio contaba con 12.456,9 toneladas, se ha reducido hasta 10.765,4 toneladas en 2025, lo que representa una disminución de casi 1.700 toneladas. Países como India (+521,8 toneladas) y Turquía (+507,5 toneladas) también destacan por su política de fortalecimiento en reservas, buscando reducir vulnerabilidades externas.
Este viraje no es casual. Tras la invasión de Ucrania, Estados Unidos y la Unión Europea congelaron activos en dólares de Rusia, lo que evidenció la fragilidad de depender exclusivamente de divisas internacionales. Desde entonces, muchos países han reforzado la idea de que el oro, al no depender de ninguna potencia emisora, constituye una reserva más segura y soberana.
El impacto económico también ha sido contundente: en los últimos 25 años, el precio del oro se ha multiplicado por más de 11 veces, pasando de 300 a casi 3.500 dólares la onza.
En conclusión, estamos ante una reconfiguración silenciosa pero trascendental: el oro vuelve a ser el gran garante de confianza, y la geopolítica de las reservas muestra un cambio de eje desde Occidente hacia Oriente. Lo que antes fue símbolo de respaldo monetario, hoy es sobre todo un instrumento de poder geopolítico.
@eromeronava
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