En este año, final de una década y próximo al comienzo de otra, una serie de preocupantes eventos ocurren en nuestra región. Son los efectos de variadas causas, que han estado presentes, sin resolución en el tiempo, que, con razón o no, han explotado. Causas como el permanente diferimiento de imprescindibles medidas económicas de sinceracion de precios, que al actualizarlas acumulativamente, crean un resultado explosivo por al no haber utilizado un crawling peg, o mini actualizaciones. El precio de la gasolina, es el caso de Haití y Ecuador y del transporte público, en Chile. La continuada corrupción, hace sus estragos políticos, en el Perú. Sistemas electorales no confiables, lo hace en Bolivia o comentarios filtrados en las redes sociales, en Puerto Rico. La lucha, entre la izquierda y la derecha, exaltando la izquierda, el resolver por parte del Estado, la salud, la educación, la vivienda y las pensiones, sin aportar nada a cambio. Arraiga en la población, la creencia de tener solo derechos y no obligaciones. Oponiéndose a las necesarias reformas. Las Promesas de mantener o regresar a que el estado regale, bienes o servicios, es el Caso de Argentina, que ahora con más población y menos recursos, no es posible complacer. Pero continúan los mensajes que el Estado lo puede todo. Venezuela, transita después de 20 años de régimen socialista, con los mayores ingresos y peores resultados económicos y de servicios públicos, de su historia y la destrucción de las llamadas industrias básicas y estratégicas, alguna de ellas renacionalizadas, después de ser privadas y eficientes. Un nuevo gobierno debe anunciarle al País, que no existirán empresas de Estado, incluyendo a PDVSA, que fueron entregadas al pueblo y no mantuvieron la producción con la cual las recibieron. Y que todos debemos contribuir a un nuevo rumbo, con una visión diferente, y con sacrificios adicionales, a los que hemos dado. El otro camino es peor a que a donde hemos llegado.
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