Edgard Romero Nava *
Los años ochenta se denominó la década perdida de América Latina, en ella, comenzaron las grandes devaluaciones e inflaciones. Ocurrieron, desde Rio grande en México, hasta la Patagonia en Argentina. En febrero del 1983, Venezuela, despertó con el comienzo de la devaluación del Bolívar, luego de un largo periodo de sobre valuación, que fue conocido como el: esta barato, dame dos. Cuando, Lo barato era el dólar. En otros Países de la región, fue peor. En Bolivia, hubo la más alta hiperinflación conocida, después de la segunda Guerra Mundial. Perú, se convirtió en el País, con mayor informalidad del Planeta. Ya que era posible divorciarse, pero no despedir a los empleados. Argentina, Brasil y Chile, sufrieron de hiperinflaciones. Se contaminó el continente, debido a las políticas de controlar el cambio y no abrir la economía. Gobernantes populistas fijando precios, por debajo de su costo, y financiándolo con inflación. Para luego, convencidos, que para salir del atolladero, la solución acudir al FMI, y liberar el mercado. Se vendieron las empresas públicas que comenzaron a funcionar adecuadamente, con precios que permitían su crecimiento. Después de décadas, y producto del aumento, de las materias primas. Abundantes ingresos y nuevos gobernantes populistas, sin visión de futuro dieron como resultado, un retroceso a la inestabilidad ya conocida y vivida. Estimulando la esperanza popular, de un poder inexistente para ella. Es triste observar, que en algunos países de nuestra región, persista la economía, con un pernicioso efecto pendular y como en todo planeta Se requiere al margen, de quien gobierne, estabilidad en lo económico. Y exigir sacrificios. Revertir decisiones económicas necesarias, aun no siendo populares, luego se pagarán con escasez, y pésimos servicios público.
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