Edgard Romero Nava

Empresario en el área de Petroleo y Gas. Tuvo sus inicios en la empresa Atlántida Internacional y en 1981 fundo el grupo de Empresa de Petrolago, c.a Fue Director de instituciones como: Prominsur, c.a, Terminales de Maracaibo, c.a, Consorcio Petro Orinoco, Consorcio PPM, Hotel Eurobuilding, IESA, SURAL, Consejo Empresarial Andino, Fedecamaras, Consecomercio, Cámara Petrolera de Venezuela, Alianza Empresaria Petrolera. De Industria y Comercio de Lagunillas (ACIL).


Innecesario Entendimiento

El transcurso económico de estos casi 20 años de gobierno socialista ha sido de estrés. Desde una bonanza sobrevenida con altos precios del petróleo -que estuvieron sobre los 100 US$ el barril- crearon una descomunal balanza positiva de ingresos para terminar endeudados en montos que se estiman sobre los 250.000 millones de dólares y, una caída de las reservas nacionales de sólo 8.000 millones de dólares.  Aquí se repite de nuevo la misma historia del Boom petrolero de comienzos de los años 80, donde no se administró -como se anunció- la bonanza con criterio de escasez.  Gozamos de una excelente historia de espíritu libertario, que trascendió fronteras y fue decisivo para liberar otras naciones, pero históricamente no hemos demostrado una unidad nacional y un profundo compromiso con la defensa de los venezolanos.  Ni tampoco hemos tenido un plan nacional que, económicamente, nos una y nos traiga prosperidad para todos, independientemente de quién gobierna y donde la población no crezca con el convencimiento entre el hecho de ser Venezuela una nación rica en recursos.  

Por ese hecho de que sean ricos sus habitantes sin que con su esfuerzo, trabajo y creatividad lo conviertan.  Las políticas de dar y repartir, sin recibir nada a cambio, nos han llevado al actual desastre.  Los miles de millones de dólares que se repartieron en la reforma agraria de los años 60, aunado a las expropiaciones de los años 2000, se han convertido en improductividad de miles de hectáreas que antes eran productivas y que fueron expropiadas para el presunto beneficio del campesinado y del pueblo, no exigiéndose la rendición de cuentas por el dinero entregado que, al final, es de todos los venezolanos. 

El criterio político de regular y limitar desproporcionadamente libertades económicas constitucionales, estas han sido suspendidas o limitadas desde prácticamente su inicio constitucional en el año 1961.  Un país que no tenga el convencimiento indiscutible que la prosperidad está íntimamente ligada a sus libertades económicas está, como el nuestro, condenado al fracaso.  Por ello se hace indispensable un entendimiento y convencimiento nacional; no sólo en lo político, sino en lo económico.



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